12ª etapa: Burgos – Hornillos del Camino

Esa mañana me levanté un poco más pronto que Ana y Rafa. Desayuné, hice bien la mochila y me calcé mis nuevas suelas de travesía. Después de todo lo que había sufrido decidí probar suerte cambiando de calzado en una etapa que prácticamente era llana. Colgaba, por tanto, las superbambas de treking con Gore-Tex y demás tecnologías que había comprado expresamente para el Camino y las sustituía por unas simples sandalias con velcro y, gracias a Dios, una gran suela para amortiguar las piedras del camino.

Las ventajas de usar este nuevo tipo de calzado se resumían en que los dedos iban libres y no rozaban con nada. Pero al ser un zapato más modesto, hacía que la suela fuese mucho más dura y menos acolchada, lo que me provocó algunas ampollas en los talones a lo largo de los días. Mi gran miedo era que en los 600 Km restantes nos lloviera. Andar con los pies mojados y en el estado que estaban no me dejarían mantener mi ritmo normal y quién sabe si empeorar mi situación.

Pasaban los minutos y Rafa seguía sin estar listo, por lo que le dije a Ana que como ellos caminaban más rápido que yo, ya me cogerían. Y Me fui con el grupo de Carles. Esa decisión marcó mi Camino.

Vicents, Toño y otros compañeros de viaje tuvieron que posponer su peregrinaje para el próximo año. No todo el mundo puede dedicar un mes a andar por media España. Así que esa mañana me encontré con mi grupo totalmente disuelto. Ana y Rafa estaban siempre juntos y el resto de los que continuaban adelante se dirigían a Hontanas. Nosotros pararíamos antes porque queríamos disfrutar de la luna llena con una etapa nocturna.

Fue una gran etapa para mí. Pude seguir un gran ritmo y apenas sentía dolor en los pies. Ese fue el primer día que disfruté del camino (de andar junto a los demás). Hasta entonces me había pasado las etapas bastante solo, a parte de las que hice con Ana antes de conocer a Rafa. Como ya dije, me limitaba a mirar al suelo y concentrarme en el dolor.

Hornillos del Camino es un pueblo en medio de la nada. Si no recuerdo mal está situado en el centro de una pequeña depresión. No se ve hasta que estás entrando en él. Tiene un albergue remodelado que está muy bien. Pero aparte de un bar y una pequeña tienda no hay nada más. Fue aquí donde tuve mi primera mala experiencia. Precisamente con el alcalde.

Marçal me enseñó a jugar a un popular juego de cartas brasileño. Creo recordar que se llamaba “Truco”. Es muy divertido, pero no recuerdo las reglas lo suficiente como para echar una partidita.

La cena en compañía de mis nuevos amigos, lo mejor del día.

13ª etapa: Hornillos del Camino – Castrojeriz

Al día siguiente, después de andar 11 Km hasta Hontanas, paramos a desayunar. En ese momento me di cuenta que había perdido la billetera. Llamé al alcalde (se encarga del albergue) y le expliqué mi situación. El me dijo que ya lo sabía, que la había visto. Pero que por el servicio que me iba a ofrecer me iba a cobrar 20€. Veinte euros por traerle su cartera a un peregrino con unos recursos limitados y que se gastó un buen dinero en el pueblo la jornada anterior. Sinceramente, no le costaba nada. Y tampoco le pedí que me la trajera en persona. Le pregunté si me la podía enviar por correo a alguna de las ciudades por las que iba a pasar. Él tenía la sartén por el mango y tuve que acceder.

Tampoco podía volver a Hornillos, ya que añadir cinco horas más a mi etapa era de locos (ida y vuelta hasta donde me encontraba). Así que me quedé esperando al alcalde mientras mis compañeros reanudaban la marcha. No quería que se retrasaran por mi culpa. Además, podría andar lo suficientemente rápido como para alcanzarlos. Finalmente los alcancé en el Convento de San Antón, donde descansamos todos juntos. Castrojeriz estaba cerca y no tardaríamos mucho en llegar.

Nos alojamos en el camping del pueblo. La verdad es que buscábamos el municipal, pero éste estaba antes. El otro estaba en el centro del pueblo. Al principio me parecieron muy amables porque Ana, Rafa y yo íbamos a hacer una etapa nocturna aprovechando la luna llena y no quisieron cobrarnos nada por pasar el resto del día allí.

Una vez estuvimos instalados, disfruté de una de las mejores tardes con Nicole, Judit, Marçal, Carles y Paolo. Marçal apareció con una guitarra y se nos puso a cantar. Como siempre todos con nuestras cervecitas. La tarde se truncó al jugar con mi gel de afeitar, pero eso prefiero no escribirlo aquí. Lo pasado, pasado está… Por suerte, al final no hubo consecuencias. Aunque eso causó algunos roces con los encargados del camping. Hasta entonces desconocíamos que eran una secta Holandesa.

La cena fue en común con todos los que pagaron por ella. La verdad, la comida más incómoda del Camino. No quiero hablar mal de nadie, lo que tenía que decirles se lo dije antes de marcharnos por la noche. Diré que guardo un buen recuerdo de una chica de la comunidad, que si no recuerdo mal era de Atlanta (USA) y los preciosos ojos de otra holandesa. Con la chica americana, que por desgracia no recuerdo el nombre, tuve una divertida charla. Os recomendaría el restaurante donde comimos, pero no lo recuerdo. Espectacular comida!! El dueño era un enamorado de Brasil. Con esos datos, algún habitante del pueblo os sabrá decir cuál es.

Con las doce campanadas abandonamos Castrojeriz y nos dirigimos a Frómista.

14ª etapa: Castrojeriz – Frómista

Hacer una etapa nocturna tiene su emoción. Es muy diferente. No hace nada de calor, por lo que se camina mucho más ligero, pero también es más fácil perderse ya que no se ven las flechas. La verdad es que para mí fue dura. Pero no por el dolor o el cansancio. Sino por el sueño. No había dormido, había pasado toda la tarde disfrutando con la gente…

Los últimos seis kilómetros que separan Boadilla del Camino de Frómista se me hicieron pesadísimos. Y los últimos tres, con los mosquitos acribillándote por culpa de que el Camino pasa por el borde del Canal de Castilla, horribles. Me cabree tanto que aumenté el ritmo una barbaridad. Pero finalmente conseguimos llegar al albergue antes de que amaneciera.

Una vez allí sentí una sensación rara. Los peregrinos que iban una etapa por delante se marchaban mientras nosotros acabábamos de llegar. Saludamos a Alicia (no recuerdo si a alguien más) y pregunté al que pensé era el hospedero si nos podíamos quedar a dormir. De muy malas formas nos echó. Nosotros ya sabíamos que no íbamos a poder, pero las formas no fueron las correctas.

Gracias a eso, puedo decir que he dormido junto al muro de la iglesia de San Martín. Según los entendidos, “uno de los más brillantes ejemplos del románico español”. Dormir al raso fue una experiencia más. La anécdota de la jornada la marcaron los peregrinos que pasaban a mi lado. No sabían si éramos indigentes o inmigrantes. El caso es que a ninguno le oí decir la palabra “peregrino”.

Una vez levantados, esperar a que abriesen el albergue. Por supuesto, éramos los primeros. Nada más abrir la puerta, el señorito bajito y con barba que nos había echado (para que sepáis reconocerlo si aún anda por allí) se seguía dirigiendo a mí de una forma que dejaba mucho que desear. Nos lavamos, descansamos y me reencuentro con los demás que habían dormido en Castrojeriz.

Fue en ese momento cuando tuve una ligera charla con la hospedera (al parecer famosa en el Camino por su hospitalidad) dejando de lado lo mal que me había tratado su lacayo también presente. Hablamos de todo y de nada. Y les expliqué mi experiencia con la secta holandesa. Poco más recuerdo aparte de las cervecitas de rigor…

15ª etapa: Frómista – Carrión de los Condes

Mi despertar fue movidito. Si ya de por sí, recién levantado tengo muy mal humor, lo último que me faltaba era que el “little hitler” o “enano gruñón”, como muchos de los peregrinos lo apodaron, le faltara el respeto a Rafa en su ausencia y en mi presencia.

Los acontecimientos se desencadenaron cuando Ana escribió unas líneas en el libro de visitas del albergue. Con una gran retórica e ironía, pero mucha educación y cuidada mesura de las palabras, se quejó del trato dado por ese personaje indigno. Éste lo leyó y una vez se habían ido Ana y Rafa, demostró lo cobarde que es, delante mío dijo algo de que alguien era un chorizo. No presté mucha atención a lo que decía. Me pilló de improviso.

Como en Logroño Marçal tuvo un problema con un chorizo de verdad, un saqueador de peregrinos que nos seguiría a lo largo de las etapas, pensé que se refería a él. Y al preguntarle si había habido algún robo, el me describió a Rafa. Yo me indigné. Y fue entonces cuando tuve una gran discusión con ese gilipollas. La hospedera se escandalizó de lo que se había escrito en ese libro, y yo se lo interpreté. Le dije que la imagen del albergue estaba siendo dañada por el comportamiento de ese personajillo. Ella me respondió que él simplemente estaba allí para ayudarla, que la responsable del albergue era ella. Y que ella no se merecía tal crítica. Por supuesto que le contesté que así era. Pero que nosotros no podíamos saber si era su marido, un socio o simplemente lo que era. Un pobre desgraciado que no se podía dejar caer en ningún otro sitio y por caridad (¿cristiana?) le daba cobijo en el albergue.

No sólo fuimos nosotros los descontentos. Otros muchos peregrinos que nos fuimos encontrando a lo largo del día, nos comentaban lo mismo y nos transmitían los motes que le habían puesto. Si ese hombre sigue allí después de todo lo que le dije a la hospedera con el mayor de los respetos, y creo que ella así lo entendió porque nos despedimos de una manera cordial, no hay perdón que valga. Si te encuentras en ese albergue, léete los comentarios del día 22/23 de Julio de 2005. Podrás ver el sumo respeto de las palabras que reflejaron nuestro descontento. Supongo que el comentario estará firmado por Ana de Barcelona.

Ya en ruta, nos encontramos a una californiana un tanto peculiar. Ella y yo tuvimos nuestros roces, medio en broma medio en serio, porque ella se sintió un poco ofendida con mi “ironic humor”, quizá demasiado español para ella al malinterpretar las palabras… En Ponferrada creo que ella descubrió mi verdadera naturaleza.

En Carrión de los Condes pudimos elegir si dormíamos en un albergue privado o en un campamento que organizaba el ayuntamiento. Nosotros nos ahorramos el dinero y dormimos en tiendas de campaña. Fue divertido excepto por dos cosas. Judit prefirió alojarse en el albergue y “El Castañuelas” hizo acto de presencia en el campamento.

Este personaje era quien había robado a Marçal y el que etapa tras etapa se camuflaba entre los peregrinos para robarles. Viajaba con una bici que mágicamente cambiaba de color y de diseño a lo largo de los días. Curiosamente siempre a una de mayor calidad. Tenía una gran labia y enseguida se metía en el bolsillo a los ingenuos y amigables hospederos inexpertos y peregrinos confiados. Se dedicaba a ir de albergue en albergue haciendo etapas de 20-30 Km (las mismas que nosotros) cuando un ciclista hace etapas de 60 Km.

16ª etapa: Carrión de los Condes – Terradillo de los Templarios

Los pocos recuerdos que tengo de esta etapa son que estaba muy contento y me sentía realmente “flex”. Me parece que fue aquí donde hice mi primera carrerita para coger a mis compañeros. Quizá me retrasaría haciendo alguna foto y como me sentía empecé a correr para alcanzarlos. Era una sensación increíble. Poder correr con esa facilidad con todo lo que había sufrido… muy gratificante.

El pueblo no tiene nada. Dudo que saliera del albergue. Recuerdo que me quedé viendo la Fórmula 1 con Marçal (gran seguidor de Alonso y enemigo de Schumacher) y estrené una pequeña libreta que había comprado el día anterior. Me parece que fue aquí donde Nicole y yo empezamos a compartir nuestros gustos musicales. Ese Narcotic de Liquido me lo guardo bien adentro. Si podéis evitar alojaros allí no os perderéis nada. Aunque justamente debo decir que el albergue estaba muy bien. La única carencia es que no tiene cocina para los peregrinos.

17ª etapa: Terradillo de los Templarios – Bercianos

De esta etapa recuerdo que por un momento pareció que recayese en mi adicción a internet al ver que el paisaje parecía el fondo de pantalla del WinXP en su versión de Otoño. Creo que también fue aquí donde nos cruzamos por uno de esos habitantes de la España profunda que de vivir en alguna gran ciudad estaría encerrado en un psiquiátrico. Daba miedo cómo nos seguía mientras cruzábamos su pueblo fantasma.

La llegada se hizo dura. El albergue de Bercianos está administrado por una orden de monjas y al principio pensé que no iba a estar agusto. Nos recibieron con limonada y nos explicaron las pequeñas normas del lugar. Te dan a elegir entre vivir esa jornada en comunidad o por libre con total tranquilidad.

Ellos tenían unos horarios a los que te podías amoldar para hacer pequeñas actividades. Primero una presentación en la entrada. Después acompañar la música de las guitarras con tu voz (ahora ya sabéis que yo sólo muevo los labios), alguna que otra ceremonia con unos tintes más religiosos, compartir la cena comprando cada uno un ingrediente de la misma y colaborar en su elaboración… Y por último disfrutar de la espectacular puesta de sol.

Pero esa noche, Marçal no pudo descansar con nosotros. Por el camino, en una confitería de Sahagún (no estoy seguro) donde me sirvieron como en ningún otro bar/restaurante del camino y que hacían los mejores pastelitos de hojaldre de todo el Camino (según la amable dueña y mi agradecido estómago), Marçal perdió alguno de sus efectos personales. Un peregrino con el que había estado desayunando, se lo había llevado por error. Por eso, decidió seguir adelante y acabar la etapa en El Burgo Ranero. Ana y Rafa también lo hicieron.

18ª etapa: Bercianos – Mansilla de las Mulas

Hoy, Ana iba a caminar 38 Km. Ella llegaría hasta León, pero nosotros seguíamos con la idea de hacer etapas de alrededor de los 25 Km. Eso nos llevaría a Masilla de las Mulas, pero antes Marçal nos sacó más de una sonrisa a todos dejándonos un mensaje en un árbol.

Además de nuestras experiencias un tanto curiosas con la farmacéutica, con el dueño de un colmado que no sabía lo que era la salsa al pesto (Paolo amigablemente le explicó la receta) y en el restaurante donde descubrí el fenómeno Pasion de Gabilanes (mi grupo miraba incrédulo lo penosa que era esa serie), allí pasé la cena con mejor ambiente en 33 días.

El albergue era una casa de pueblo con un patio interior al que daban las habitaciones. El hospedero muy amable, aunque no sabían usar muy bien el eMule y tuve que configurárselo apropiadamente. No puede ser que una conexión que paga el gobierno autonómico para los peregrinos les deje a estos sin ancho de banda para navegar. Comentamos lo pasado en Frómista y me explicaron la historia de nuestro little Hitler. También hablamos de El Castañuelas, quien ya era bien conocido en el lugar. Una vez se puso el sol, entre velas y música (gracias a un chico de Bilbao con el compartí cena en Estella), la comida de Paolo se disfrutó mucho más si cabe.

19ª etapa: Mansilla de las Mulas – León

Por fin llegabamos a León. Había pensado comprarme unas bambas nuevas y mandar las otras por mensajería a casa, pero al final no lo hice. En esta etapa (si no desde hacía unas pocas) fue Judit la que empezó a tener problemas en los pies.

Nos alojamos en el albergue de las monjas. No estuvo mal, pero creo que el otro hubiese sido mejor. Aquí había un horario estricto y los hombres debían dormir separados de las mujeres a no ser que fuesen matrimonio. Ana se alojaba en el otro. Se habían tomado el día de descanso y también para esperarme. Aún así, sólo compartimos una cervecita con su correspondiente tapa por el centro.

A Nicole, Judit y Paolo les invité a comer en el mejor restaurante indio al que he ido. El dueño amabilísimo nos trato como a reyes y horas más tarde me saludó mientras me hacía fotos delante del edificio de Gaudí. La ciudad, preciosa! Una pena que nos lloviese por la tarde…

20ª etapa: León – Villar de Mazarife

En este punto del Camino ya estaba muy unido a mis compañeros de viaje. Pero hoy, tendría que separarme de ellos por un par de días. Por motivos que no vienen a cuento, mi destino sería Villar de Mazarife. A unos pocos kilómetros de León tendría que coger un desvío, una ruta alternativa que me uniría nuevamente a Ana.

La salida de León es todo un laberinto. Si no es porque en el Parador Nacional me indicaron el camino, no sé si hubiésemos salido tan rápido de la ciudad. Ya os podéis imaginar las pintas que llevaba y la cara del conserje viéndome entrar en el que dicen es mejor Parador del país. La verdad es que era una pasada, aunque apenas vi su interior porque el conserje se acercó enseguida.

Una vez desayunado, por aquel entonces me acostumbré a tomar un buen bocadillo de tortilla y una cocacola (que siempre tenía que exigir que fuera fría y con hielos), me desvié y caminé en soledad hasta mi destino. Ana y Rafa iban por su cuenta y tardarían un par de horas más en llegar. Madre mía como llovió ese día. Menos mal que terminé muy pronto.

Os recomiendo que vayáis al albergue municipal. Es una casa de pueblo que se edifica alrededor de un patio interior. Las habitaciones están pintadas con dibujos y son muy coloristas. La hospedera y su marido son muy amables. Creo que es en el albergue donde me he sentido mejor. Cuando llegué, que fue sobre las once de la mañana (el caminar solo me hizo volar), el albergue no estaba abierto. Aún estaban limpiando, pero aun así me dejaron escoger habitación, ducharme y la verdad es que me hicieron sentirme como en casa.

Cuando me dirigía a la ducha, al marido de la hospedera (siento no acordarme de los nombres) me lo encontré charlando con dos chicas que no conocía y que eran extranjeras. No se entendían ni por señas. Entonces él se dirigió a mi y empecé a utilizar mi hiper-perfeccionado inglés que Nicole me había enseñado con ellas. Eran Tadeja y Sabina. Dos eslovenas de las que Ana ya me había hablado.

Hasta media tarde todo fue un numerito que prefiero no explicar aquí. El resto del día lo pasamos en comunidad, jugando al maquiavello con un italiano muy freak (los 60 los tenía seguro) y conociendo a la gente. La estancia se estropeó con la llegada del Castañuelas que seguía con nosotros. Alertamos a todo el mundo y no hubo problema alguno. Pero ya te tienes que molestar en llevar contigo el dinero y vigilar las cosas. Los hospederos fueron tan amables que nos dejaron estrenar la parte más nueva del albergue aún sin terminar para cenar.

El recuerdo más tierno del día fue cuando convencí a las eslovenas de que subieran a mi habitación y me cantaran una nana. Maldita sea Rafa! Que entró en la habitación poco después y las asustó…

21ª etapa: Villar de Mazarife – Astorga

Esta fue una etapa donde Ana y yo hablamos muchísimo. Me supo un poco mal por Rafa porque lo dejamos un poco colgado, pero teníamos que hablar de todo lo que nos había pasado estos días.

En Hospital y Puente del Órbigo tomé el mejor bocadillo del Camino. Un pan con tomate acompañado de un excelente jamón de jabugo. Dios! Todavía recuerdo el sabor y el gusto con el que me lo comía.

A Astorga llegamos bastante tarde. El andar con Ana hablando nos había hecho llevar un ritmo más lento. Además era una etapa dura, 32 Km de nada… Mientras nos registrábamos en el albergue me encontré con los demás. También alertamos a los hospederos de las andanzas de El Castañuelas. Por primera vez, no le dejaron quedarse escudándose en que un ciclista no puede hacer etapas de 20 y 30 km. Creo que aquí por fin le perdimos de vista.

Una vez limpito, visita a la ciudad, buenos momentos con Nicole y Judit (como siempre) tomándonos unas cervecitas y comiendo mucho chocolate!!, aunque recuerdo que Nicole optó por el vino. Allí me gané que me llamaran “chocolat man”. Aunque a algunos les extrañe, siempre tenía una tableta encima.

Vivimos una experiencia bastante curiosa. Estábamos intentando encontrar el museo del chocolate y al preguntarle a un hombre nos dijo que fuéramos detrás de otro que había en la misma plaza. Nos dijo que era el antiguo dueño del museo y quien lo había creado. El hombre muy amable nos lo presentó y éste nos acompaño hasta la puerta mientras me explicaba la historia de su vida. Quedó un poco extrañado de que un español fuese rodeado de tanto extranjero, pero le gustó la situación… El museo no vale gran cosa. Es una pequeña exposición de objetos relacionados con el cultivo, elaboración y comercialización del chocolate. La gran joya del museo es la tienda. Allí puedes degustar los diferentes tipos de chocolate que venden y comprarlos. Buenísimos!

22ª etapa: Astorga – Foncebadón

Este fue uno de los días más felices de todo el viaje. La etapa no fue muy dura para mí. En las subidas era donde más rendía. Preciosos paisajes. Prefiero mucho más andar por la montaña. Quizá sea porque toda mi infancia la pasé correteando por La Cerdaña.

Foncebadón es un pequeño pueblo de montaña que ha sido rescatado del olvido gracias a los peregrinos que allí se alojan. Está medio en ruinas, apenas hay unas pocas casas, dos restaurantes y el pequeño albergue.

El hospedero es muy amable y en esa ocasión nos invitó a cenar, además de prepararnos el desayuno por la mañana. Pero el verdadero personaje fue sin ninguna duda el dueño del bar/restaurante en el que pasé todo el día. Cómo olvidarme de su orujito de frambuesa artesano. El pobre hombre se enfadó un poco conmigo porque nos acabamos la última botella que le quedaba.

Fuimos a comer, y como a mi siempre me gusta tomarme un chupito de orujo, lo pedí. El hombre me dijo que no me podía ir de allí sin probar alguno de sus orujos. Nada de tomar el blanco o de hierbas, que los suyos eran mucho mejores. Y qué razón tenía. Paolo, Bernardo (italo-brasileño que conocí el día anterior y que acabaría con nosotros), Jenny y Nicole en cuanto lo probaron quisieron repetir. Si es que los extranjeros flipan con los productos naciones!! Como nos había caído tan bien ese hombre, volvimos a cenar y a acabar con todo lo que quedaba de ese orujo maravilloso.

Ana y Rafa prefirieron una buena cena (no habían comido apenas) y fueron al otro restaurante que hay en el pueblo. El único adjetivo que se me ocurre para calificarlo es de medieval. Es un restaurante temático en donde todos los empleados visten ropas típicas y sirven grandes platos con abundante comida. Consiguen transportarte a otra época donde los peregrinos eran recibidos hospitalariamente y donde su peregrinación era una verdadera proeza.

En el albergue pasaron mil anécdotas. La espera, las camas, las duchas, los ruiditos de fondo de esa noche, el cierre de las luces… y la apertura! Qué cabrón el tío que encendió la luz a las 6 de la mañana. Un día redondo.

23ª etapa: Foncebadón – Ponferrada

Por algunas cosas que no recuerdo muy bien (quizá el que repartiese demasiado chocolate entre los peregrinos durante el desayuno), salí más tarde que mi grupo pero antes que Ana y Rafa lo hiciesen.

Fue un ascenso tranquilo con unas vistas espectaculares de la salida del sol. Una pena que en las fotos no quedara reflejado. Era una mañana un tanto gris. En poco menos de una hora alcancé a mi grupo en el punto más alto del Camino de Santiago, La Cruz de Hierro.

El descenso fue muy tranquilo pero duro. Paradita obligatoria en Manjarín para visitar al que dice ser el último de los templarios. Una carrerita cuesta abajo para alcanzar nuevamente a mi grupo en El Acebo ya que me había quedado un rato en Manjarín con Ana y Rafa. Hasta la entrada en Molinaseca, la etapa la hice prácticamente sólo porque me quedaba en los sitios donde parábamos esperando a Ana. Despúes salía un poco antes y con buen ritmo alcanzaba al resto.

El último descenso que acaba en Molinaseca era un auténtico rompe-piernas. Pero primero disfruté de la compañía de mis chicas eslovenas y al pasarlas concí a una pareja y a una chica alemana muy simpática. La pareja estaba celebrando su tercer aniversario de bodas. Lo hacían repitiendo la ruta que cuatro años atrás les unió para siempre. Él era francés y ella alemana.

La llegada a Ponferrada se hizo un poco pesada, y aunque no cuente que mis pies no ayudaban mucho, seguían doliendo. Recuerdo que la salida de Molinaseca la hice en compañía de Judit que tampoco podía llevar un ritmo muy rápido. Poco después alcanzamos a Nicole y los tres llegamos juntos al albergue.

La ciudad no la ví apenas. El castillo del Temple y el hospital al acompañar a Jenny al médico. Aquí es donde dije que cambió algo en nuestra relación. Valoró mucho que la acompañase. Una pena que esto llegase tan tarde. El médico le recomendó que reposase un par de días y la dejamos atrás.

El albergue está realmente bien. Ninguna queja.

24ª etapa: Ponferrada – Villafranca del Bierzo

Fue un día bastante duro. Salios muy tarde. Incluso Ana y Rafa habían salido mucho antes. Me dolían mucho los pies. Caminé bastante tiempo solo. Les cogí cuando pararon a desayunar y nuevamente en Cacabelos. Allí me quedé acompañando a Judit que necesitaba descansar un poco. Lo que no sabíamos es que nos quedaba la peor parte.

A medio camino entre Cacabelos y Villafranca del Bierzo había dos rutas. Judit y yo creo que cogimos la tercera. Se hizo larguísimo. Grandes cuestas y claro, lo que se sube… se baja. Total, que llegamos tardísimo y empezamos a comprobar que estabamos cerca de Galicia. El albergue municipal estaba completo y nos fuimos al privado que hay cerca. Cuando hable de privado en adelante, es que te cobran mínimo 6€ (en Galicia todos los municipales son gratuitos).

De estar un poco desanimado por la incomodidad de estar separados del resto, pasamos a la mas absoluta de las alegrías. Aprovechamos la cocina del municipal para cenar todos juntos y a la hora de dormir Nicole se coló en mi albergue para dormir los tres juntos. Qué gran momento el de entrar como si de simples delincuentes se tratara con las cosas de Nicole. Esa noche es otro de los grandes recuerdos que guardo en mi memoria. Os quiero chicas!!

Como Ana y Rafa se sentían con fuerzas, andaron un poco más hasta llegar a Pereje o Trabadelo.

25ª etapa: Villafranja del Bierzo – O Cebreiro

Esta fue una de las etapas que haría una y otra vez. La ascensión al O Cebreiro no es tan dura como pensé. Creo que sudé mucho más en el Alto Do Poio (etapa 25). Unos paisajes increibles, un camino de montaña y en buena compaía. No podía pedir nada más. Si podéis, hacer una excursión al pueblo. Sus vistas son provilegiadas.

En el albergue tuvimos la suerte de estar los 6 en la misma habitación. Nicole, Judit, Marçal, Paolo, Bernardo y yo. Ana y Rafa llegaron más tarde, aunque no recuerdo por qué. Ellos hicieron unos 5 Km menos…

Tras una puesta de sol maravillosa de la que hice una docena de fotografías, a dormir!!

Camino de Santiago 2005

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